Creencias budistas

Las creencias budistas

Tal es la experiencia que constituye lo esencial de la enseñanza budista del que habría de merecer el nombre de ‘Buda’, el Despertado, para ello, existen las creencias budistas. Todo es sufrimiento. Pero el sufrimiento puede ser superado. Y el método para ello es muy sencillo, accesible a todos, ya que todos los seres son iguales.

Creencias budistas
Creencias budistas

Sin embargo, no se trata tanto de practicar unos ritos como de cambiar el corazón, de vaciarlo de todo deseo y de toda ilusión, verás que las creencias budistas te acercan más a esta religión.

Las cuatro nobles verdades

La enseñanza y norma moral principal del Buda alrededor de la cual giran todas sus otras enseñanzas son las cuatro Nobles Verdades, formuladas como un análisis médico. Esta es una de las creencias budistas más importantes.

  1. El diagnóstico: La vida inevitablemente implica algún dolor físico y mental. Todo el mundo en algún momento experimenta contrariedad, odio, tristeza, ansiedad o sufrimiento. La gente no siempre consigue lo que quiere, y a menudo son separados de aquello o aquellos que quieren. Todo el mundo experimenta la degeneración gradual física de la vejez y la muerte. Incluso el estrés extremadamente sutil que puede surgir de un funcionamiento normal en la vida diaria es una carga.
  2. La causa: El principio del sufrimiento mental y la depresión conocida a día de hoy es el anhelo por los placeres sensuales, por ser o por no ser, o simplemente desear que las cosas fueran diferentes de lo que son. El anhelo esta estimulado por reacciones de placer y dolor, y guiado por la ilusión del “yo” y del “mío”, los cuales a su vez son debidos a una mala interpretación de la auténtica naturaleza de la realidad.
  3. La recuperación: Es posible hacer que cese completamente todo el sufrimiento mental. Eso es conseguir el despertar o iluminación. Iluminación es la purificación del corazón de cualquier rastro de atracción, aversión o engaño. Es liberarse completamente de la ilusión de un yo o alma independiente. A una persona totalmente iluminada se le define como Arahant. El Buda llamó a esto la máxima felicidad, la realización plena del potencial humano.
  4. El tratamiento: La iluminación o despertar, se consigue a través de un entrenamiento gradual, un modo de vida llamado el camino medio, o el Noble Sendero óctuple.

Estas cuatro nobles verdades son realistas porque afrontan las imperfecciones de la vida, y optimistas porque ofrecen una solución práctica: la iluminación, o como mínimo la paz mental en esta misma vida. Puesto que todas las cosas están en un estado de cambio constante, son inherentemente incapaces de proporcionar felicidad duradera o satisfacción fiable. Apegarse o aferrarse a cualquier aspecto de esa experiencia conlleva fricción, estrés o insatisfacción cuando esas cosas, gente o situaciones se disipan y desaparecen.

Mientras que este dolor se vea como algo antinatural o anormal al que hay que temer o rechazar, será imposible desenraizar sus causas y vivir una vida auténticamente feliz. Sin embargo, en el momento en el que la sutil y universal naturaleza de la primera noble verdad se reconozca, se puede aceptar y liberarse del sufrimiento.

Esta es la razón por la que la reflexión sobre el sufrimiento sea enfatizada como la clave de la liberación última, y aquellas personas que han realizado el despertar son inspiradores ejemplos de profunda felicidad, amabilidad y compasión.

El camino medio

Al sendero hacia la felicidad del despertar se le llama el camino medio, porque evita los dos extremos de la indulgencia y el auto tormento. Esos comportamientos extremos no conllevan paz mental. Esta es una de las creencias budistas mas interesantes de todas.

El camino medio consiste en desarrollar la conducta, la serenidad y la sabiduría. Y se explica detalladamente en el Noble Sendero óctuple:

  1. Perfeccionar la comprensión: adquirir puntos de vista que están de acuerdo con las verdades naturales de la realidad.
  2. Perfeccionar la intención: estar motivado por la amabilidad, compasión y renunciación.
  3. Perfeccionar la palabra: palabras que sean honestas, armoniosas, gentiles y llenas de significado.
  4. Perfeccionar el comportamiento: acciones que manifiesten la no violencia, responsabilidad sexual y no apropiarse de las cosas de los demás.
  5. Perfeccionar el modo de vida: ganarse la vida y sustentarse de un modo que no dañe o explote ni a uno mismo ni a otros seres.
  6. Perfeccionar el esfuerzo: cultivar y mantener estados mentales beneficiosos además de superar y abandonar los estados mentales perjudiciales.
  7. Perfeccionar la atención consciente: estar plenamente consciente del cuerpo, las sensaciones, la mente y los fenómenos mentales.
  8. Perfeccionar la concentración meditativa: cultivar la unificación, la pureza y la serenidad mental. Cuando se consiguen completar los ocho factores de este sendero, se es capaz de penetrar la verdadera naturaleza de la existencia con visión superior y experimentar el fruto de las enseñanzas del Buda: liberación inamovible y sabiduría perfeccionada.

Como puedes ver, las creencias budistas son muy completas y fieles a la ideología de dicha religión, de esta forma deja claro en que creen los budistas.

La ley del Kamma (Karma)

De acuerdo con la ley natural del kamma (o karma), las intenciones son causas que llevan a experimentar resultados en el futuro. Los resultados serán similares a las intenciones y dependiendo de nuestro estado mental al actuar, hablar o incluso pensar, serán experimentadas como agradables, desagradables, o neutras.

Nuestra intención está envenenada por el odio, un deseo egoísta por placer o un deseo de dañar o generar confusión a otros seres, esto crea las causas para experimentar dolor o infelicidad en un futuro.

Este “mal kamma” no es beneficioso ni para uno mismo ni para los demás. Igualmente, si nuestras acciones, palabras y pensamientos están basadas en una motivación de amor incondicional, amabilidad, generosidad y un deseo de llevar a otros paz interna o sabiduría, esto crea las causas para experimentar placer, felicidad y buena fortuna en el futuro. Este “buen kamma” lleva al bienestar propio y al de los demás, ambos.

La mayor parte, pero no todo, de lo que experimentamos es resultado del kamma previo, y según cómo respondemos a los acontecimientos presentes así generamos nuevo kamma. En este juego dinámico entre experimentar los resultados del pasado y responder en el presente, creamos nuestro futuro literalmente momento a momento. Kamma no es destino y el momento presente es donde está la posibilidad de libertad.

Esta es una de las creencias budistas mas curiosas, aquí es donde se tiene la oportunidad de liberarse de los patrones de comportamiento perjudiciales basados en nuestro condicionamiento pasado. Sin embargo, esta oportunidad de libertad sólo es posible si estamos conscientes y atentos. Por eso ser plenamente consciente y comprender las cosas como realmente son en el presente es crucial en el camino de la liberación.

Ningún ser, humano o divino, tiene el poder de parar las consecuencias del buen o el mal kamma. Se recoge precisamente lo que se siembra. Así que cuando nos encontramos en una situación desagradable, en lugar de proyectar la culpa en los demás, podemos reflexionar sabiamente sobre nuestra conducta pasada y responsabilizarnos de las causas que llevaron a esa situación.

Alcanzar el nirvana

En el hinduismo este término significa la unión del alma individual (el atman) con el alma universal (el brahman). El nirvana búdico es más complicado de definir y de entender. El mismo Buda tuvo que apelar a parábolas sibilinas para intentar explicarlo. En sánscrito significa ‘extinción’. Lo mismo que se extingue una lámpara al faltarle aceite, el hombre que no alimenta el fuego de sus deseos se apaga definitivamente. Y se libra entonces de las reencarnaciones.

El nirvana, aparte de ser una de las creencias budistas y norma moral a tener en cuenta, también simboliza la abolición de toda voluntad, de todo deseo, de toda sensación, de todo cambio, de todo devenir. No es ni la eterna bienaventuranza, ni la nada absoluta, sino un estado inimaginable de inconsciencia absoluta y de no ser.

Para el budismo popular, esta concepción un tanto inaccesible se encarna en un lugar imaginario. Esta ‘estancia inmutable’, en la que el difunto conoce finalmente una especie de existencia inmortal despojada de todos los tormentos de la vida terrena, está muy cerca del paraíso.

Sea de ello lo que fuere, lo que importa no es tanto saber qué es el nirvana como buscarlo. Ahí está la esencia del budismo que, más que una religión y una filosofía, es una disciplina para alcanzar la suprema serenidad y tranquilidad, la liberación de las reencarnaciones en que nos encierra el deseo de vivir.

La moral budista no es ni un código de prohibiciones, ni siquiera un decálogo de mandamientos, es una actitud universal frente a la existencia. Para el budista más que obrar bien o de ser caritativo, se trata de evitar todo lo que pueda hacer daño a una criatura.

El sabio budista es impasible, sereno, pero benévolo y siempre tiene en cuenta las creencias budistas.